En un mundo donde la violencia es moneda corriente, donde predomina el impulso, donde cada uno quiere hacerse su Dios a su conveniencia y cada quien trata de interpretar la Biblia para su bienestar olvidándose de lo que realmente Dios quiere para nuestra vida… SIN DUDA, LA GRAN LUCHA ES CONTRA NOSOTROS MISMOS…
Cabe destacar lo que Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”.
No hay mucho que decir, Jesús lo dijo todo, El nos dijo de lo que se trataría la vida con Dios, lo que tendríamos que tomar en cuenta cada día de nuestra vida, pero lamentablemente hay muchas personas que se han olvidado de dos cosas que son: “Negarse a sí mismo y Tomar su cruz cada día”.
Y es que cuando algo va en contra a lo que le conviene a nuestra naturaleza tratamos de obviarlo y disfrazar todo a través de la gracia y misericordia del Señor. Si hoy pasamos por las peores situaciones es por que ”manipulamos la Bliblia” y no somos conscientes del tesoro que Dios nos ha regalado para cuidarlo y administrarlo de la mejor manera…
¿Por qué Jesús nos decía que tenemos que negarnos a nosotros mismos? – Porque por naturaleza somos pecadores, y por ello tenemos que negarnos a lo que quisiéramos hacer según nuestros instintos, en pocas palabras, ya no ser los mismos de antes, que vivíamos conforme a las costumbres que están impuestas en la sociedad, que adopta la mayoría…
Tomar tu cruz cada día, significa recordarte para quien vives hoy y alejarte de todo aquello que antes te llevaba a olvidarte del Señor. La voluntad de Dios es que cada día recordemos que no debemos vivir para satisfacer nuestros deseos de pecado, sino para agradar a aquel que nos dio vida.
No nos engañemos creyendo que podemos seguir pecando deliberadamente y que a Dios no le importa eso. Dios ama al pecador pero aborrece al pecado de este… y la vida de un hijo de Dios se manifiesta cuando seguimos su palabra, sino automaticamente nosotros mismos nos alejamos de su protección.
Vivamos cada día negándonos a nosotros mismos, aun cuando eso cueste mucho, pero intentémoslo, no nos rindamos de intentarlo, vivamos cada día tomando nuestra cruz y recordando que ahora ya no vivimos para este mundo, estamos en el, pero no somos de el, porque nuestra ciudadanía es celestial, no terrenal.


