No sabía cómo comenzar este artículo, la idea era ayudar con alguna orientacion a algun lector, por eso me volqué a escribir confiado que Dios me daría un buen comienzo. Pero tampoco se cual es el tema del que quiero escribir, solo sé que lo que tengo debo compartirlo y no guardarlo para que muera conmigo. Cuando digo “lo que tengo” hago
referencia a la presencia de Dios… pero ¿cómo compartirla? ¿cómo llevar la fe a quien está pasando un mal momento sin saber si está enfermo, sufre de soledad, depresión, o uno de los miles problemas que muchos sufren…?
Comienzo a pensar que Dios hoy no me está usando… mi duda es: necesariamente tiene que usarme hoy?
Igualmente me siento fuerte, contento y comienzo a recordar cómo estaba yo cuando no conocía a Dios, recuerdo los malos momentos que pasaba, y me veo hoy. Veo una eternidad entre el estado en el que me encontraba y mi estado actual. Talvez usted, lector, esta atravesando un momento malo y ya no ve una solución posible… pero si es un momento malo solo depende de nosotros sacarlo de nuestra vida… o permitir que ese momento se convierta en eterno.
Comienzo a pensar que Dios sí me está usando nuevamente y el tema de este articulo podría ser: “las prioridades en nuestra vida“.
Siempre me dejé guiar por el que dirán y busque soluciones a mis problemas de la manera en que la mayoría las busca… me veía lejos de ser alguien, trataba de, con la fuerza de mis brazos encontrar la salida o al menos el camino que me lleve a ella. El camino por el que iba era el equivocado y peor aún, era el único que veía… no se si no podía o no quería abrir los ojos. Tenía ganas de luchar, no me sentía bien, pero era cómodo a la vez.
Muchas personas se acercaron para mostrarme otros caminos, pero nunca los compartí, solo seguía el mío, el mas cómodo.
Critique todo lo que pasaba a mi lado, se puede decir que creía a mi manera, y sin darme cuenta cree una religión llamada “comodidad” que consistía en ni siquiera escuchar a mis padres. Pero hasta la comodidad pesa después de un tiempo, ya que pronto el sufrimiento crece.
Ya no había nadie que me pudiera ayudar, y aunque creía en Dios y sus milagros, nunca creí que fueran para mí.
Yo creo que fue un día en el que estaba distraído, que sin darme cuenta abrí los ojos y empecé a ver. Pero sé que no fue así de fácil: primero fueron mis padres los que hablaron con Dios mientras yo desconfiado los miraba de costado.
…Me recibió como si fuera santo, me dijo que yo nací hoy para Él, que perdona todos mis pecados y que mire hacia adelante, que aprenda más de Él para no caer en los errores del pasado. Costó, tuve que negarme a mí mismo y seguir a Dios.
Mi vida cambió, por eso cuando miro hacia atrás y veo quien fui y como estuve… tengo miedo de volver. Y viene en mi lo que se llama el “temor de Dios”, que me da fuerzas y me ayuda a seguirlo y respetarlo como único creador y salvador de esta creatura que nace cada mañana y no quiere volver atrás…
Hoy Él es mi prioridad y sin frenarme por el que dirán, lo sigo. Sin parar para escuchar criticas, lo sigo. Sin detenerme a mirar quien me acompaña, lo sigo.
Sé que fue Él quien me mostro el camino, quien me propuso cambiar mis prioridades para llevar una nueva vida. Por eso, amigo lector, no importa si sufre de cáncer, asma, sida, leucemia, epoc, soledad, depresión, esquizofrenia, ceguera, vicio, etc… porque yo soy testigo de que Dios curó estas enfermedades y muchas más. Pero primero, el que fue sanado, lo tomó a Él como prioridad antes que a su propia sanación.
Que Dios lo bendiga.

